Lo que el viento se llevó: Maratón de Nueva York 2014

6:00h Suena el despertador, me levanto y mientras empiezo a vestirme para ‘la gala’ enciendo la tele. Una reportera de FOX la va a correr y ya está en la salida, en  Fort Wadsworth,  Stanten Island.  La tía está envuelta en ropa y casi no se la oye de las ráfagas de viento. No paran de decir que hoy será un día de extraordinario viento. Vale, bieeen, yo que venía tan contenta por correr con frío, no contaba con esa posibilidad. Tras la semana de Lanzarote, tenía muy claro que viento es tan enemigo como Lorenzo. Me desanimé un poco pero pensé, bueno, ya está, da igual, estoy aquí y haré lo que pueda. Qué más da, vas a correr el Maratón de Nueva York. Concéntrate en eso y Adelante Bonaparte, que vamos tarde.

Relleno la bolsa oficial [si, la bolsa oficial porque no puedes entrar en el ‘fuerte’ con cualquier mochila o bolsa, tiene que ser una transparente que te dan en la feria del corredor] con plátanos e isotónica y tras pasar por el desayuno mierder del hotel donde pegué un sorbo a un café aguachurri y a un bagel, me fuí para el metro prácticamente en ayunas. Con el tiempo que tenía hasta la salida y sabedora de la cantidad de avituallamiento que hay en la salida, no era necesario forzar la ingesta de nada a esas horas en las que mi estómago no estaba cerrado, lo siguiente.

6:40h Aquí estamos, esperando el metro.

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En el andén me siento al lado de una chica que también está sola y claramente, va a correr. Entramos al metro y ella se sienta a mi lado. Finalmente empezamos a hablar, se llama Jaquie y es canadiense, ha venido con una amiga que tenía la salida antes. Así que el rato en metro vamos charlando, ella está preocupada por ir en dirección correcta. La tranquilizo, hice este mismo recorrido ayer. Tenemos el mismo horario de ferry así que decidimos ir juntas.

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7: 15h  Llegamos a South Ferry Whitehall y aquello está llenísimo de gente, a diferencia del día anterior no llueve pero hace un frío polar.

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Le dejo mis cosas a Jaquie y me voy a por un café, que ya es hora. La gente se va posicionando de forma borreguil cada vez que se abre una puerta para embarcar, van saliendo los ferries y la gente se mueve de un lado a otro. Nosotras no. Mientras todos corren hacia una puerta, dejan la otra libre. Se van alternando pardillos! Así que nos colocamos con facilidad en primera fila para embarcar en el siguiente. Por cierto, nadie valida que cojas el ferry que te toca, así que si vas antes o después, no pasa nada.

Una vez en el ferry, cogemos posición pero rápidamente perderemos las vistas por la cantidad de corredores por todas partes pero aún así, pude hacer alguna foto…

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Durante el trayecto en ferry, los voluntarios se iban paseando comprobando que nadie llevara ninguna bolsa ‘no oficial’.

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8:15h Después de un gélido trayecto de unos 30′, llegamos a Stanten Island. Salimos del ferry en bandada y nuevamente ondonadas de corredores buscando la salida y el camino hasta los buses lanzadera que nos llevarán a la salida.

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Unos 15′ haciendo fila desde la salida de la terminal del ferry hasta subir al autobus con un viento huracanado que empieza a ser premonitorio de lo que va a ser el día.

8.30h nos montamos en el autobús, última etapa para empezar! Media hora de trayecto hasta Fort Wadsworth, el fuerte, vamos.  Empezamos con los controles de seguridad.

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9:15h una vez pasados los controles, hay una especie de cruce donde los voluntarios te indican según tu color de dorsal, cual es tu zona de espera. Hay 3 grupos para cada salida: azul, verde y naranaja. Y en cada salida hay 6 cajones. La ultraorganización! Topamos con una señora muy simpática que resulta que es de SITGES! y lleva mil años en los EEUU casada con un americano, más maja y que tranquila me quedo de que he entendido absolutamente todas las indicaciones jejeje

Jaquie y yo no teníamos el mismo cajón pues ella salía 15′ antes que yo pero sí el mismo color, así que pudimos estar acompañándonos hasta el final, porque era un poco esa sensación de ir al paredón como nunca. Fuimos repasando los puestos de avituallamiento… café, bagels, fruta, agua, isotónica…hasta geles regalaban.

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Cuando faltaba media hora para su salida, Jaquie se fue y me quede dando vueltas por no estar parada porque era totalmente imposible permanecer estático en ninguna parte. Finalmente me dirigí a la única carpa para colocarme el dorsal, y como ya sólo quedábamos los de la última ola, estaba un poco más habitable, por decir algo. Os juro que vi gente con mono de esquí completo. Gente durmiendo en sacos en el suelo. Increíble.

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10.15h qué aburrimiento, qué frío… van a abrir los cajones, me voy para allí. Unas cuantas veces al baño, que el frío es lo que tiene.

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10.40h Por fin abren el cajón! Venga me voy a colocar por delante a ver si encuentro un hueco entre gentío para no congelarme.

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 10.45h Bueno, va siendo hora de quitarme ropa, forro polar y mallas largas  (MALDITA LA HORA) al montón de la ropa para la Charity. El gorro no, el gorro ya lo tiraré luego que por ahora no sobra. De hecho el gorro llegará conmigo hasta el hotel sin menearse, pero eso en ese momento, no lo sabía.

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De repente la gente se empieza a mover, ostras que me meo otra vez, en pleno cajón con la gente en movimiento entro corriendo a un lavabo portátil. Salgo y empiezo a trotar hacia adelante. No tengo muy claro exactamente cuando hay que empezar a correr de verdad porque hay tanta gente y no se ve ningún arco…

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Pero hay una seña inequívoca de que la carrera está empezando: Frank está cantando. Así que nena, empieza a mover el cuerpo aunque lo tengas petrificado!

10:55h Empieza el mambo! GO!

Encaramos el mítico Verrazano-Narrows bridge, sabía que era en subida, pero Madre del Amor Hermoso! Como pica para empezar así en frío, y nunca mejor dicho. Voy subiendo a 7 constante y muy cómoda así que voy sonriendo y feliz, a pesar del fuerte viento que te desplaza, y que como está todo abarrotado de corredores, es bastante incómodo. El puente tiene forma de v invertida y une Staten Island con Brooklyn, son casi 2 millas de puente.

Pues bien, poco después de llegar al punto más alto, al empezar a bajar y a soltar piernas, la periostitis empieza a atacar. Intento no pensar pero sigue doliendo, mucho. Hasta el punto que decido caminar y ni caminando en bajada se pasa. Me veo en medio del puente parada estirando, llorando a moco tendido pensando que no puede ser posible, no me puede estar pasando esto. Estoy en el maratón de NY y ahora mismo no puedo dar un paso.

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Sigo estirando, me pongo muy nerviosa y decido ponerme a caminar y me digo, camina, a ver si se pasa y si no se pasa pues tiras hasta que te echen, pero tu de aquí no sales.

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Al terminar el puente y llegar a Bay Ridge en Brooklyn, intento correr de nuevo, pero el dolor no se va. Vuelvo a caminar, llorando y mirando hacia atrás. La calle es muy ancha y los edificios muy bajos, así que no nos protege del fuerte viento, que sigue desplazando lateralmente. Por suerte hay tanta gente que ni siquiera se ve el final de la carrera. Este primer tramo de Brooklyn, la calle 92  no está excesivamente animada y todavía las 3 salidas vamos por caminos diferentes: unos por el carril izquierdo del puente, otros por el derecho, y los terceros por debajo del puente.

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Y así transcurren los 5 primeros kilómetros, los más largos de la historia porque si mal no recuerdo fueron 44 minutos hasta llegar a la 4 ave de Brooklyn. Los más largos de la historia, hasta ese momento, claro. En el avituallamiento se me ocurrió una idea de bombero: pedí permiso para apoyar la pierna en una mesa y tirarme dos o tres vasos de agua helada por encima. Y bueno, parece que funcionó!

Más animada empecé a correr y pude seguir hasta el km 10 sin parar, haciendo el siguiente parcial en 36′.  5 kilómetros en línea recta en ligero sube-baja por la misma 4 avenida, con el viento dando por saco pero parece que va dando treguas. La verdad es que aunque había mucha animación, es un poco aburrido todo el rato en línea recta. Entre el viento frío, los nervios y el mal rato pasado no acababa de encontrarme a gusto.

Llegando al 10 aparentemente recuperada,  se empieza a notar más animación en la calle, no en vano nos estamos adentrando el corazón de Brooklyn.

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Del kilómetro 10 al 15 creo que fue el mejor parcial de toda la carrera, en todos los sentidos. Había salido el sol y aunque no podía prescindir del gorro, si empezaba a sobrarme el cortavientos, la calle se estrecha y las 3 olas se unen por tanto, el viento da tregua; me encontraba bien de piernas y fresca y sin duda es el mejor tramo de animación, Lafayette Avenue. Y para muestra un botón, discupad el movimiento de cámara, es lo que tiene grabar corriendo :) La calle sube pero la gente te lleva! El mejor recuerdo, el rato en el que disfruté como una enana.

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A partir del kilómetro 15 y hasta casi el medio maratón, la carrera transcurre por el Brooklyn más moderno, Williamsburg, en concreto lo atraviesa por Bedford Avenue hasta dejarnos a las puertas de Queens.

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Como podéis ver, gran animación y la clásica estampa que siempre nos encontramos los corredores del último cajón en los avituallamientos, el campo de minas. Los avituallamientos son una pasada, a dos lados, con multitud de voluntarios envueltos en chubasqueros verdes, hay un primer grupo que te ofrecen vaso en mano y gritan: Gueitoureid, Gueitoureid ( Gatorade) y al siguiente grupo, todos gritan: Guara, guara (Water). Muy organizado y voluminoso todo.

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Y arropados por los modernos de Williamsburg, que mientras los veía, algunos sentados en las escaleras de casa en grupo tocando incluso con trombón, pensaba: modernos de Barcelona, estáis a años luz de la modernidad jajaja, entramos en Queens.

Voy mirando el reloj aunque hace muchos kilómetros que me he olvidado de marca ni objetivo ni nada, ahora estoy bien así que vamos a seguir así, mientras dure.

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Y paso por el kilómetro 20 y se acerca el punto del medio maratón. Por ahora parece que el viento es sólo un mal recuerdo. Inocente.

El arco de la media maratón está en el pie de otro puente, con el que no contaba pues pensaba que no había ninguno hasta el temido QueensBoro Bridge en el km 24. Se trata del Pulaski Bridge, un puente que te introduce en Long Island (Queens) y no es nada despreciable, al loro con la elevación así gratuita. Después de venir de un tramo relativamente sencillo en cuanto a elevación y a cubierto, te plantas en otro puente en V, descubierto. Y el viento no se había ido, no. Sólo nos estaba esperando con ganas en el siguiente puente.

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Vuelve el viento, vuelve el frío y por primera vez en la vida, la periostitis vuelve! No me lo puedo creer, pero si llevo 21 km. Supongo que volví a coger frío, no se. Al terminar el puente, tuve que parar al baño con cola incluida y aproveché para colocarme el cortavientos de nuevo, esta vez por debajo de las camisetas.

Atravesamos la última parte de Queens, Vernon Boulevard, y nos dirigimos al QueensBoro Bridge. Voy mal otra vez, he perdido el ritmo y el último puente me ha fundido los tibiales.

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Antes de entrar al puente, los voluntarios del avituallamiento nos gritan: coged, coged que es el último avituallamiento antes del puente. Eso me mosquea. Y de repente, entramos al puente y resulta que no vamos por arriba, esta vez, por dentro. Buf. Poco se habla de los puentes de Nueva York, esos son los auténticos hombres del mazo. Todos suben, sin un alma animando, ni avituallamiento, ni nada, sólo tu y el viento. Y tu hombre del mazo saludando.

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Una milla y media, dos kilómetros y medio por dentro de ese agujero, en subida y con el viento concentrado entre los ventanales. Ahí si me dije, que sea lo que Dios quiera, ya me da igual todo, sólo quiero llegar. Sales del puente por una especie de salida en caracol, con lo cual de golpe te embalas y apareces en la Avenida 1. La larga, ancha y fría, avenida 1. Durante 4 millas. Del kilómetro 26 al 32. Lo que viene a ser, el murito. El cuarto, por lo menos.

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Este tramo del Upper West Side es uno de los más duros para mí,  pero también tengo recuerdos muy bonitos del mismo. Todo el mundo es choca-manitas: jóvenes, viejos, niños, padres… todos ponen las manitas. Niños repartiendo fruta. Se acercó un niño a ofrecerme un plátano que me vino como agua de mayo y se lo cogí super agradecida, pues el niño se fue gritando y saltando todo emocionado, contándole a su madre que se lo habían cogido.

Segundo recuerdo para siempre, llegando ya a la parte superior, en Harlem, un coro cantando The Eye of The Tiger, piel de gallina. No pude evitar grabarlo. En ese momento iba ultrajodida.

Y el tercero, en mi hundimiento total, arrastrándome como una gusana, el viento otra vez a tope y como ya no había sol, estaba helado. Iba tiritando y con los dientes rechinando, quizás debería haber abandonado, pero no hemos hecho tantos kilómetros, entrenando y volando para darnos la vuelta en el 30. NO. En ese momento, se me acerca un anciano negro, de película de Harlem de verdad, se pone a caminar a mi lado, me tiende el brazo y me pregunta si necesito algo, si quiero agua con una sonrisa amable que de verdad, me llegó al corazón. Me eché a llorar y le dije que muchas gracias, que estaba bien, que sólo era el frío y que lo único que necesitaba era llegar a meta. La maratón es también estos momentos, que se te quedan grabados a fuego mucho más que el sufrimiento. El sufrimiento se olvida, pero el que te tiende la mano en un momento así, se queda para siempre.

Llegando al Bronx siento que ya no puedo más. Un amigo me dijo que si me encontraba muy jodida, no dudara en llamar. Me sentía muy sola y desesperada, así que le envié un SMS con una palabra: Llama. Y llamó, en ese momento, solté sapos y culebras, lloré, me desahogué en voz alta e incluso llegué a decir, a tomar por saco NYC, que no valía la pena tanto sufrir, que si no estaba hipotérmica, poco me faltaba. Me calmó, dio ánimos, y me dijo la frase mágica: ‘va, tranquila, que aún puedes conseguirlo’. Y yo: qué?? el qué? si voy a terminar por mis webs. ‘Hacerla por debajo de las 6h’.

En ese momento fue como un jarro de agua helada, más de lo que ya estaba. Qué, qué?? Con todas las penurias, tibiales, vientos y tiritamientos, teniendo en cuenta que iba todo el rato rodeada de gente, se me había ido por completo la olla respecto al tiempo. Cómo voy de pasada? ’12 minutos según la previsión’. Buala no puede seeer, no puede ser. Cuelgo. En marcha, oh que bien, otro puente de m…. en subida. Willis Avenue Bridge. El cuarto en el kim 32, olé. Lo peor es que pensaba que era el último, y aún quedaba otro :(

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Nos metemos en el Bronx y solo voy pensando como leches voy a hacer 10km en el estado de congelamiento, de piernas especialmente, que llevo.

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En esos momentos sigo hundida en la miseria y sin saber muy bien qué estoy haciendo, sólo pienso que tengo mucho frío y que quiero llegar.

Y llego por fin al último puente, el de la 138 st, como no hemos dejado el viento de lado desde el último puente, es simplemente, más de lo mismo.

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Atravesado el puente, entramos en Manhattan, y la agonía sigue porque intento apretar pero el cuerpo no me da para más.

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Y entramos por fin en la 5ª avenida, se me hace eterna, me voy arrastrando hasta el punto que un punto de animación estaban unos djs pinchando Jump Around de House of Pain, con lo que me gusta, en lugar de alegrarme, pasé corriendo y gritando como el niño de Donde residen los monstruos y moviendo los brazos como Phoebe y Rachel en el capítulo que corren como niñas por el parque en Central Park. Desquicie total.

Me digo, Mon, como no llegues pronto, acabas en el psiquiátrico! Así que en cuanto llegamos al Guggenheim, que ni lo ví, pero creo que era justo allí donde entra en el parque me dije: hasta meta y no pares, no pienses y corre lo que puedas porque cuando llegues esto se acabará.

Así que tal y como entré en el parque, no se donde saqué las fuerzas, bueno sí, de ver que ya quedaba poco y de que dentro del parque, a pesar de la montaña rusa de los últimos 3 kilómetros, no soplaba el viento y se estaba más resguardado, me puse a correr. Ni fotos, ni mirar nada, ni coger agua, nada. Modo tunel on de corre, que llegas, corre que llegas, y puedes hacerlo por debajo de las 6h.

Entré por Central Park Sur y cogí la curva de entrada a la salida como si estuviera haciendo series, sólo me faltaba bracear para apartar gente del medio, y cuando encaré la pequeña cuesta final y vi el arco de llegada no me lo podía creer. Crucé la meta en 5h59’22” y tal y como llegué, me paré en seco y me eché a llorar. No se si de rabia, de emoción, de frío o qué. Ni en ese momento una gota de sudar. Temblando recogí la medalla y me hice unas fotos.

Había hasta un fotocall y un montón de fotógrafos. Un chico con una cámara de video me preguntó si podía contestar a unas preguntas, que estaba rodando un documental. Estaba tan aturdida que le dije si, vale y cuando me preguntó qué tal me ha ido, me puse a explicarle lo dura que había sido entre lágrimas jajajaja.

Al cabo de unos metros  me dan la bolsa con el avituallamiento, estos yankies saben mucho de organización pero de nutrición está claro que no. Una barrita powerbar como una piedra y una manzana. Me comí la manzana y bebí un poco de agua.

Otra de las elecciones que debes hacer 6 meses antes de correr, además del modo de transporte a la salida, es cómo vas a gestionar el tema llegada. Hay dos opciones:

1. Dejar tus cosas en el guardarropa en Staten Island y ellos te lo llevan a Central Park

2. No dejar nada y en la llegada te dan un poncho muy calentito y molón.

Si estás alojado en Manhattan, en mi opinión,  la opción 2 es sin duda ‘la opción’. El guardarropa cierra mucho antes de tu salida, por lo tanto te tienes que llevar ropa vieja igualmente para aguantar hasta la salida. Además en meta, los del poncho salen antes. Yo escogí está opción y tardé más de media hora en conseguir el poncho y abandonar el recinto. No quiero pensar cuanto tardaron los pobres del guardarropa pero la organización ya te dice que de 45′ a una hora.

Caminando como las muñecas de famosa, no por los dolores sino por el frío, envuelta en la manta térmica que nos habían dado nada más cruzar la meta, no veo el final a la agonía. Creo que este momento final hasta llegar al hotel me ha marcado bastante, y de hecho hace que tenga un recuerdo de la llegada, agridulce. Tras haber transcurrido más de media hora desde que crucé meta, consigo que me den el ansiado poncho, muy calentito la verdad. Pero yo sigo llorando sin parar. La gente me pregunta si estoy bien, y les digo que si, que sólo tengo frío y no puedo parar de llorar. Por un momento me planteo entrar al hospital de campaña para que me den algo porque no es normal estar como estoy. Al final me digo, tira o no llegarás nunca al hotel.

Y tras el maratón para llegar a Staten Island, el maratón por las calles de Nueva York, llega el maratón para llegar al hotel. Manhattan colapsado, ni un taxi libre. No tengo ni idea de donde está el metro y no se ni dónde ir. Voy envuelta con la manta términa en los pies y el poncho por arriba, vamos que parezco un plátano azul caminando con pasitos encorvada tiritando y llorando. La pena. Ahora me rio de la imagen, pero creo que en pocos momentos de mi vida me he sentido más perdida y desesperada. Les pregunté a unos polis donde quedaba el metro y aunque no estaba muy cerca ( en términos relativos de alguien que acaba de hacer 42km y lleva 10h en el rollo este) no ví otra salida.  Y cosas del karma, que debía de dar mucha pena, me meto por una calle que no estaba demasiado transitada y veo un taxi libre. No me lo podía creer!! entré y entre lágrimas le dí la dirección al conductor, que flipaba con mis pintas hasta que le expliqué que venía de correr el maratón, que estaba congelada y que me había salvado la vida.

Y así, dos horas después de cruzar la meta, llegué al hotel, me metí en la ducha con el caliente a tope, cero de fría, me comí una pizza y me fuí a dormir.

Me ha costado mucho escribir esta crónica, la que más sin duda porque he de reconocer que me dejó un poco de trauma la situación vivida. Desde luego no la olvidaré, y a pesar de los malos momentos, me guardo muy buenos recuerdos y no me arrepiento de nada. A fin de cuentas es un maratón, y un maratón nunca se olvida. Pero las ilusiones, alegrías, lloros, fuerza,  semanas, meses de entreno, preparación, fisio, miedos, esfuerzo, sacrificio, nervios… todo, se lo llevó el viento.

No puedo más que agradecer a todos los que estuvisteis tanto los días previos como esa tarde de domingo pegados al ordenador, a la app de la maratón, al whatsap etc. siguiendo mis peripecias, sufriendo y emocionándoos; no sentí sola en ningún momento porque vuestros mensajes, tuits, wasaps y demás hicieron que me sintiera muy arropada.

Se qué muchos escribisteis y no lo pude ver con la petada del iphone, que el maratón también le pasó factura, así que perdí todos los whatasps de ese día y los sms :( pero si quiero dar gracias en especial a Raul, por estar ahí con serenidad y ese toque mágico de ‘te pasas 12 minutos’; a mis sisters Anabel, Sara y Anita;  mis madrileñas Helen y Geles; mis BC Team, especialmente la sección Flipatleta Lanzarote y misters!: Carol, Pilar, Tamara, David, Roger, Jose, Pablet, Mariano, Angel, Carolina, Sandra, Jesús, Joan, Jordi y Jess; a mis compis del Club Atletismo Barbastro, a mis Barbastrenses por el mundo,  a  mis Gambiteros que por una vez no centraron el tema en comidas, chefs y gastrofrikadas y lo vivieron a tope;  mis compis de proyecto, que estaban implantando un hito superimportante sin quitar el ojo a la app; a mis hermanos cerbunos; a mis tuiteros favoritos (@dabitjg @Premarathon, @sosakurunner, @novatillototal y @contadordekm) y sobre todo mi hermano Jorge, que iba retransmitiendo en modo radio patio a mis padres desde Gijón. Y por su puesto a mis padres, que aún alucinan cada vez que su hija les dice…me voy a correr en… y no dejan de creer en ella y apoyarla.

Mil gracias a tod@s!

New York Follies III: Wicked

Sábado por la mañana. Los nervios empiezan a aflorar. Mañana, mañana, mañana… que no llegue mañana!! El plan para hoy es relajado. En primer lugar, voy a ir a la terminal del Ferry para calcular cuanto tiempo necesito para llegar a la hora asignada, las 7,45. Y como el tema del metro en NY, fácil no es, no quiero acabar en el corazón de Brooklyn cuando yo quería ir a Tribeca. Como en el 2009. No es que sea complicado pero si no sabes un par de trucos, la puedes liar muy parda.

Lo primero que debes hacer antes de entrar al metro, es mirar en la boca si es Downtown (hacia el sur) o Uptown (hacia el norte). Fundamental. En la mayoría de las estaciones ( excepto las grandes) tienes una boca para cada sentido de la ciudad en un lado diferente de la calle. Si es común, el filtro lo aplicas dentro ya.

Una vez has entrado por la vía que te toca, segunda gran elección: tren local o  express. Los local son los normales, lo que paran en todas las paradas, los express, no;  de ahí que debas fijarte muy bien a qué parada vas. Los local suelen parar en  el andén izquierdo y los express en el derecho. Además en los mapas del metro, las paradas del express están marcadas con un circulo blanco.

Cuando tienes que seleccionar el modo de transporte a la llegada, de abril a julio, puedes elegir buses desde el centro o ferry ( como expliqué en otro post), y yo me ‘encanté’ y para cuando seleccioné a principios de junio, sólo podía escoger ferry, y lo mejor de todo, tenías que escoger la hora de salida sin tener ni idea de a qué hora empezabas a correr. Supuse que saldría en la última ola, pero sin tener ni idea de la duración del trayecto, calculé que empezando la carrera a las 10:55h, tomando el ferry a las 7,45, llegaría con tiempo. Que sepáis si alguno vais, que la hora del ferry se puede cambiar en la feria del corredor, el medio de transporte no.

Tengo la suerte de tener una boca de metro de una de las líneas que va South Ferry White Hall. Estas son la 1, la N y la R, así que cuento, camino de la puerta del hotel a la entrada al metro: 2′. Tiempo de entrada y espera del tren: 7′. Tiempo de trayecto: 25′.

Subo arriba y veo que el metro sale directamente a la entrada de la terminal del Ferry, fenomenal. Todo controlado, 40′ aproximadamente de trayecto desde la puerta del hotel -metro calle 34 st -ferry. Está cayendo la del pulpo…esperemos que mañana no llueva, aunque dan mucho, mucho viento.

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Foto al horario del metro por si las flies, y de vuelta para el uptown. Y por lista calista me meto en un express a lo loco y me toca pringar a salir y volver a pagar viaje en la calle 72. Lo que tiene bajar la guardia, vamos. Voy  a comer a un sitio que me encanta, el Whole Foods de Columbus Center :)

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Se trata de un supermercado donde además de hacer la compra, tienes una enorme variedad de comida para llevar que tu eliges en cantidad y combinación. Es una opción genial para ir a hacer un picnic a Central Park que está en frente, aunque con un día lluvioso como hoy, mejor comer en una mesita dentro, que haberlas, hailas.

A modo de anécdota, si alguna vez vais, no hagáis el pardillo en la fila de la caja como hice yo. Vas a pagar y hay varias colas; a pesar de que estuve atenta intentando descifrar el mecanismo de pase a cajas de la gente, no había manera. Cada vez que se liberaba una caja, se encendía el número, y el orden era inexplicable, gente de una esquina cruzando a la otra punta y así todo el rato. Intenté montarme una regla de cada uno de cada fila en plan, incorporación de dos carriles a uno… total, que ‘me toca’ y decido ir para la caja señalada y de repente una chica me dice que le toca a ella. Me quedo con cara de póquer y le pregunto: pero como funciona esto? Y me explica, que resulta que las filas tienen colores: azul, verde y naranja. Y cuando se ilumina un número, se ilumina con un fondo, es decir, si estoy en la linea verde y estoy la primera, se ilumina la caja 22 en verde, y entonces tengo que ir a la caja 22. Ah. Pues ni me había dado cuenta que había colores por ninguna parte jajaja rubiadas de las mías, y van dos en una hora.

Después de comer, directa para Broadway para por fín! asistir a un musical al que le tenía muchas muchas ganas: Wicked (The untold story of the witches of Oz).

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Wicked es un musical que lleva 12 años en cartelera en Broadway y cuenta la historia de las brujas de Oz, antes de que llegara Dorothy. Y la protagonista es Elphaba, la conocida como malvada bruja del oeste, pero no es mala, es buena, y la bruja buena del Norte , Glinda, que esa sale en el Mago de Oz, pero en verdad es una pija y se pelean por un chiquin muy guapo que acaba siendo un prota del Mago de Hoz también. Y también salen los monos voladores, que  es lo que le calidad a la película.  Muy recomendable si te gustan las brujas verdes y los monos. Perdón por el momento Sinopsis de Cine, no he podido evitarlo.

Ahora en serio, me encantó. No se me ocurre mejor forma para no pensar en la carrera y relajarme. Al salir del teatro decido volver paseando al hotel, y como siempre, los caminos sin planear, son los mejores.

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De casualidad acabo en la tienda de la HBO, el paraiso frikil! y como no, no pude resistirme a comprar una camiseta de los Stark de mis amores.

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Sigo callejeando sin rumbo y  llego a otro de mis sitios favoritos de Nueva York: Bryant park. Está precioso en otoño más si cabe.

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Y llega la hora de cenar, y tras comprobar que lo de que me sienten en un sitio sola no es por mí sino que lo hacen en general con todo el mundo que va solo, pues intentan llenar con grupos la zona ‘que se ve’, decido que mejor me compro algo para llevar, pizza por ejemplo. Y descubro este templo ya para siempre, la pizza de pepperoni más buena que he probado ever and ever. Está justo en frente del ESB, en la calle 33 con la 5 ave.

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Por mucho que queramos, el tiempo no se puede detener, así que llegados a este punto sólo queda una cosa: preparar los bártulos, dormir…y al toro.

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Bona Nit!!

…to be continued.

 

 

New York Follies II: Parfait

Tercer día en la Gran Manzana, ya es hora de salir a rodar! Como estoy en el corazón de la ciudad, decido seguir por la 32 en dirección al East Side y allí subir por la 1a Avenida hasta… que me canse. La idea era rodar unos 5 o 6 km, pero al final…se me fue un poquito de las manos. No todos los días se puede correr entre los rascacielos de la ciudad más maravillosa del mundo mundial.

Empiezo a subir por la Avenida 1, que será testigo del maratón, aunque unas cuantas calles más arriba, y a las pocas manzanas me topo con el edificio de las Naciones Unidas.

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Voy escuchando uno de mis discos favoritos, ‘El hombre bolígrafo’ de Grises, y la canción que me ha acompañado en toda la preparación ‘Parfait’, cobra sentido más que nunca:’ Sentir, que todo el perfecto, que tu eres tú, tú,solo tú, no hay nadie más’. Parada en un semáforo, saltando-bailando  para no enfriarme, dos policías negros en frente, me miran y me animan, les sonrío. Que gran momento jeje.

Llego a la 59 y me digo: venga hasta Central Park, son sólo 4 avenidas… y si eso ya luego vuelves andando ( recordemos que menos de 48h tengo que correr 42km, no nos pasemos). De repente el Plaza de nuevo se alza majestuoso ante mí, entro en el parque y empiezo a flipar, pero bien. Estoy superfeliz como no he estado nunca, es una auténtica pasada!

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Ya que estamos dentro del parque, venga vamos a inspeccionar la zona de llegada… Ya empiezo a ver las vallas y las pulsaciones se me empiezan a disparar. No, no aumento el ritmo, no jaja, la emoción!

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Y sigo corriendo y veo la línea de llegada, y empiezo a llorar descontrolada, emocionada, pensando en el domingo y en que por la gloria de mi madre tengo que acabar y cruzar esa meta pase lo que pase.

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Después del momento Marnie la Llorona deshago el camino recorrido y salgo del parque por Columbus, y aprovechado que había leído en algún post que había un carril bici en Broadway que era utilizado por los corredores, pues decidí volver al hotel por allí. Al final el rodaje me salieron casi 9 km pero como hubo paradas, no cuenta jeje.

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Después del subidón de la carrerita matinal a la fresca, duchita caliente y a preparar la excursión de la tarde: la visita a la Feria del Corredor en el  Jakob K Javits Convention Center, en la avenida 11 con la 34st.  Es decir, lo más al oeste de Manhattan. En  un día me recorro la isla  de este a oeste, como cantaba Brandon Flowers: They say the nile used to run from east to west.[Disculpad el momento frikil, es lo que tengo, que a veces pienso en canciones].

Haciendo caso omiso a las indicaciones de David ‘La hora del Bagel’ en sus posts neoyorkinos, no sólo sobrepasé la 7ª avenida sino que además lo hice andando! ;), parada en un Deli antro para comer algo de pasta y pollo en la 8a con la 35 y llego. Respira hondo, que esto es, muy grande.

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Pues no, aquí no dan los dorsales, pero vaya tinglado tienen montado! Bueno ya que estamos… vamos a cotillear!

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Pues todo un tinglado en toda regla… Si vas visitando todas las medallas de los barrios, te van sellando una especie de pasaporte y al final, te regalan el poster oficial del NY Marathon.

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Bueno, objetivo conseguido, vamos a por el dorsal! La entrada es impresionante. Como todo, los americanos, a lo grande.

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Todo superorganizado, cientos de voluntarios y un orden extraordinario, no en vano van a pasar por ahí más de 50.000 corredores. Rápidamente me identifico con pasaporte y resguardo, es un must, hay que llevarlo sí o sí, me entregan el ‘bib’ y me voy a buscar la camiseta. Hay un montón de puestos de información, desde el recorrido a las formas de llegar a la salida. Todo controlado al milímetro. Porque tiene su tela. La maratón recorre los 5 distritos de Nueva York, por tanto no termina donde empieza. La salida es en Stanten Island y termina en Central Park, en Manhattan, así que llegar a la salida será la primera ‘maratón’ del día.

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Si tenéis la suerte, como yo, de ser agraciados en el sorteo para poder participar, acreditáis la marca mínima por rango de edad o corréis por una ONG o Charity, las formas de acceso a la salida desde Manhattan, son dos, en ambos casos a cuenta de la organización y en todo caso incluidas en el precio del dorsal. Lo comento porque si escogéis la opción de ir con Agencia de Viajes, te incluyen como parte del paquete el transporte a la salida, cuando si vas por tu cuenta, también lo tienes incluido.

1) En autobuses desde la NY Library, en la calle 42 con la 5 avenida

2) En ferry desde White Hall, y una vez en Stanten Island, se fletan autobuses hasta la salida.

Creo que la opción 1 deber ser más cómoda, así que os recomiendo que en cuanto se abra la elección del transporte ( aproximadamente en abril hasta julio) la seleccionéis porque se agotan rápido. Yo escogí la dos por imperativo legal, vamos, que no había ya de la uno, y aunque es todo bastante fácil, es un poco camino de Santiago y si hace frío…una tortura.

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Y otro consejo, llevad la tarjeta limpita porque esta feria del corredor es una locura. Camisetas, pantalones, mallas, cortavientos, chandals, gorras, bolsas… de todo. Te vuelves loco con el loguito de la estatua de la libertad, y encima es  circuito Ikea mode on, Asics a lo grande, no te escapas. Con lo que yo he rajado y caí con todo el equipo. Es que todo el rato piensas: que es Nueva York! y kling kling la caja registradora hace kling.

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En esta Feria hay hueco para todos, todas las marcas, productos, lo último del mundo mundial. Hasta las #cuquirunners tienen su espacio… alucinante.

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También  la  Policía de Nueva York tiene su stand, y los bomberos, con el siempre presente recuerdo al 11/9.

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Y cómo no,  encontraremos el ya clásico muro de la ‘motivación’ donde como no podía ser menos, dejé mi mensaje bolsiano :)

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Y después  de pasar toda la tarde de pie, decido que ya es hora de regresar al hotel y descansar un poco, ha sido un día muy emocionante y termina  con un camino de regreso con estampas  preciosas del skyline neoyorkino…

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Jarvit Center desde fuera

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Foto dedicada a Carmen Alcaraz y la frecuencia de publicación ;) a Mar Calpena por gruppie y a Pat Nos por ser nuestra neoyorkina favorita.

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Madison Square Garden

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Halloween Empire State Building

Good night!

…to be continued.

New York Follies I: Mariposas

La semana del maratón, los corredores por lo general nos volvemos idioticas. Todo el día pendientes  de que ‘si me duele un dedo, que si me duele una pestaña, a ver que como, cuidado que esto me puede sentar mal, mejor voy a lo seguro con la pasta, todo suena raro en mi interior… ‘- Pues yo siempre tengo la misma sensación:’NO quiero correr el domingo. NO quiero que llegue el domingo’. Y me paso la semana deseando echar el reloj atrás y que no llegue el domingo. No es real, obviamente, a fin de cuentas, nadie me pone una pistola en la sien para correr, pero es cómo ‘materializo’ el miedo final, después de tantos meses de preparación, dolores, calores, sufrimiento…

En esta ocasión, es un poco diferente. Es peor! El hecho de estar en New York hace que me olvide por completo de la carrera y cuando me acuerdo, el sentimiento de ‘noooo, no quiero’ se multiplica por 1000.  Pero es diferente a otras veces.

Venía en el avión sin pensar mucho, ni en el hecho de que me iba a New York ni en el hecho de que el domingo correré mi cuarto maratón. Un viaje más, supongo que la vida en los aeropuertos es lo que tiene y tampoco sentí especial emoción al embarcar esta vez. Otro avión más. El vuelo fue tranquilo, a pesar de que tenía una bebe de 10 meses  al lado, Sheeran, además de preciosa, silenciosa. Una auténtica campeona,  8h de vuelo sin rechistar.

Llegué al aeropuerto y pasé por todas las fases de la forma habitual. Sigue siendo un trámite más. Salgo de la terminal, le indico ‘Manhattan’ al chico que me pregunta hacia donde voy, me monto en el taxi y le doy la dirección. Otro viaje más, podría ser Rio, podría ser Bogotá, podría ser el DF. Autovía atascada. Lo de siempre. Miro empanada por la ventana. Como siempre.

Y de repente, delante de mí, se alza el skyline de Manhattan y ese momento, me da un vuelco el corazón.

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En ese momento tomo plena consciencia de dónde estoy y de lo que voy a hacer; en ese momento siento mariposas en el estómago de la emoción, de correr por las calles de Nueva York ( parece el título de una serie de policias, no? jaja). Si me sacan una foto en ese momento veríais el careto de flipada que debía tener con la sonrisa de oreja a oreja.

Qué fuerte, estoy en Nueva York!! uf uf uf. Llego al hotel en pleno middtown, nada más bajar del taxi, miro arriba, y el Empire State. Guauuu.

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Dejo las maletas, llamadas de rigor: ‘hola todo ok’ y me voy a estirar las piernas. Son las 18h de la tarde y para ir bien, tengo que aguantar sin dormir hasta las 22h mínimo. Salgo al lobby y me siento un momento a mirar el móvil pues cuando salga por la puerta, adiós wifi. Y de repente reparo en la canción que suena de fondo: All by myself de Celine Dion. No puede ser, karma, eres un poquito hijo de fruta.

Salgo del hotel y en dos minutos me encuentro en la 5a avenida, y empiezo a caminar hacia arriba. Si hacia arriba.  Mis piernas notan una cuesta increible, quiero pensar que es el cansancio acumulado, pero entonces me empiezo a fijar en el suelo, y realmente, plano plano…hay poco.

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A las pocas manzanas, me encuentro a la izquierda, con uno de los edificios que más me gustaron la primera vez que visité la ciudad: la New York Public Library,

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Y si miras a la derecha, otro de los edificios emblemáticos de la ciudad, el Crhysler. Uff estoy en New York!!! La verdad es que la primera vez que vine ( este es mi segundo viaje) aluciné de lo familiar y lo segura que me sentía entre estos rascacielos, y que no me importaría volver sola. Pues mira.Dicho y hecho.

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Sigo caminando en dirección Up Town, unas pocas manzanas más, y aparece  majestuoso el Top of the Rock, que indica que he llegado al Rockefeller Center, voy a comprobarlo, y si. La pista de hielo ya se ha instalado y no, otra vez que no la voy a probar, a pesar de las ganas.

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Sigo caminando, me encuentro bien, así que pienso, va venga, tira hasta el Plaza, y de paso voy a dar una vuelta a la tienda Apple y a Fao Schwarz. El plaza es muy bonito, pero de noche, da un poco de miedete ;)

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Cruzo y entro en Fao Schwarz, la tienda de los niños, y de los niños que tenemos dentro y no debemos olvidar. Es una maravilla y un templo para el frikismo. Realmente me tuve que controlar para no volver a casa con un soldado imperial, una espada laser y el lego del Señor de los Anillos jaja.

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Cuando salí ya el cansancio se notaba, se notaba tanto que no me ví con fuerzas de volver caminando, así que hice lo que haría un neoyorkino: poner un pie en la calle, levantar el brazo y gritar:  taxi!

El regreso en taxi, en otros momentos de menos tráfico, quizás rápido pues se trata de unas 25 manzanas, fue bastante lento. Sin embargo, mereció la pena. Tuve la suerte de toparme con un taxista dominicano, de 73 años en plenas facultades, con 60 años en el país y que nunca había regresado a su Rep. Dominicana natal. Una persona amable y cordial, que  habla de lo que han visto sus ojos durante tantos años en este país de acogida y cómo la voz se le torna triste al hablar de su país. Me dio pena llegar a mi destino, conversaciones de esas no se tienen todos los días.

Cené una sopa errónea pero muy rica;  no entiendo en qué mundo por muy mal que pronuncie el inglés, que no eh jajaja, la chica pudo entender Brocoli and Cheddar Soup cuando yo pedí TOMATO soup… pero bueno, estaba muy rica. Un poco de pasta con pollo y a dormir.

Ayer jueves por la mañana, me levanté pronto para ir de excursión a las afueras, a un sitio muy peligroso donde las tarjetas de crédito corren sus propias maratones y acaban muy mal heridas: Woodbury Common Premium Outlet.

Desde que estuve en 2009 soñaba con volver porque es el paraíso de la ‘choppins’ y lo reitero: es obligatorio ir!  Llenaréis el armario por 1/4 parte de lo que cuesta en España.

Así que a primera hora, cogi la calle para arriba en plan chula sin mirar la dirección ‘porque ya se llegar yo sóla donde se coge el bus’. Y si, llegué pero ya no era la parada de hace 5 años, algo previsible. Tras una pérdida de tiempo considerable con la inutilidad de algunos miembros de la compañía turística, entré corriendo en la estación de autobuses del Porth Authority, sólo sabía que los buses salían del piso 3, así que unas series arriba, unas series abajo, unas amigas británicas en la cola y unos malosentendidos más: perdí el bus. Pero bueno, la buena noticia es que el siguiente salía 15′ después ( antes eran cada hora).

—- Todo el día dándole alegría Macarena a la VISA—–

Regreso a Manhattan, dejo las cosas, y salgo a comer algo. Al volver del autobus, he visto un mercadillo de comida callejero que tiene una pinta buenísima pero no puedo.Hasta el domingo por la noche no puedo hacer tontadas. Estoy rodeada de restaurantes koreanos que tienen una pinta increible y no me la juego. Madre mía la que me espera los últimos días jejeje

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He fichado un restaurante de camino al hotel que no pinta mal y no es caro según la carta de fuera, me apetece cenar hamburguesa. Entro y espero a que me sienten. Y entonces vivo una escena de película. No se si por ir con anorak o por ser latina. Ni idea, aún flipo.

Llega la típica encargada rubia con cara de Lady Di, nivel pijo medio y sienta a un matrimonio delante mío. Llega mi turno y justo en ese momento se están levantando 5 personas que ocupan 3 mesas individuales. Sin embargo, me dice que no tiene mesas y que si quiero en la barra del bar. Y bueno, digo va, da igual, ok. Pero la barra está llena de gente bebiendo cockteles, entonces ve una mesa al fondo de todo en un rincón que ni siquiera parece el restaurante y me sienta allí. Me deja la carta. Y en ese momento pienso: 3 minutos te doy para venir a pedir nota. Pasaron 5, me levanté y me las piré.

‘Nobody puts Baby in a corner’

Y mañana… salir a rodar en NYC!! y la feria del Corredor!

to be continued..